Me enseñaste que el ser una niña diferente a las demás, siempre sola pero acompañada de un libro, una niña que no sueña con el amor de un hombre, no tiene nada de malo. A pesar de que luego te enamoraste y cometiste los mismos erroes que cometo yo.
Al igual que tù yo tambièn fui una niña infeliz que buscaba refugio oculta entre el equipaje de Anna Karenina, entre los barriles de agua en los barcos de Sandokan, en el doblez de los vestidos de Clemencia, entre los bosques de Marianela.
Al igual que tù, o tal vez a causa tuya, tambièn aprendì a pensar en el amor como la compañìa momentànea de un hombre mientras yo hago lo que me da la gana. Segura que el amor no es nada màs que una tiranìa de la cual no puedes liberarte porque se te mete en las venas.
Tambièn me enseñaste que las personas se enamoran porque tienen miedo de estar solas y punto. Y que como hay muchos tipos de libertad tambièn hay muchos tipos de soledad. Que la soledad que te hace enamorarte es una soledad visceral, y por lo tanto peligrosa porque no puedes controlarla, pero sì puedes distraerla hacièndole creer que no es visceral sino fìsica y que la soledad fìsica se arregla fàcil: teniendo sexo y punto.
Me decìas que el sexo era eso que lleva la sangre del cerebro a los genitales y que lo vea simplemente para no complicarme con sentimentalismos que eventualmente me alejaràn de mi meta, cualquiera que èsta sea.
Tenìas tus contradicciones mujer, y las pasaste todas a mì. Sì, me enseñaste a no abandonarme a un pasiòn, pero tambièn me enseñaste que cuando se tiene un hombre hay que tratarlo siempre como a un hombre. Esperarlo siempre en tacones, una bata ligera, los ojos delineados, los labios pintados, un vaso de whisky en una mano y en la otra sus zapatones, con la cena apunto de servirse en el comedor: “Nunca le hagas comer a tu hombre en la cocina como si fuera un empleado” y con las sàbanas frescas.
En ese pàrrafo matè al feminismo, pero no me importa.
Pero, (porque contigo siempre hay peros) tambièn me enseñaste que por ningùn motivo baje mi guardia y nunca nunca le “muestre” a un hombre que lo amo, porque si lo hago estarè perdida para siempre, me convertirè en esclava de èl y en esclava del amor que èl administrarà en dòsis cada vez màs pequeñas para tenerme siempre pidiendo màs.
No sè cuàl era la intenciòn de la lecciòn madre, pero yo aprendì que el amor es una cosa de la que hay que escapar porque embrutece, anestesia, debilita y mata. Aprendì que si bien un poco de compañìa masculina es agradable tengo que poner ènfasis en “poco”.
Lo que no me enseñaste porque se nos acabò el tiempo es què se hace con la culpa. El 2002 me enfermè de culpa, te acuerdas? Cuando lleguè a ti enferma con una enfermedad desconocida como era desconocida (para mi) la culpa no me diste respuestas, solo un grito ronco “nunca màs te permitas semejante debilidad, es avergonzante, indigna de ti”.
Ah, me enseñaste muchas cosas, no todas tan contradictorias, no todas tan dolorosas y sin apoyo cientìfico como las lecciones del amor.
Tambièn me enseñaste a crear personajes, a inventar historias, a unir la verdad con la mentira, a esconderme detràs de un caràcter de hierro y una carta, a dejar piezas de mi rompecabezas en todo el mundo cosa que sea casi imposible juntarlas para contar mi historia, a denunciar la verdad, a no traicionar a las mujeres, a no abrir los libros de par en par, a restaurarlos, a pintar con òleos, a tesar un lienzo, a hacer flores con alambre de cobre, a tomar notas como si mi mano fuera una maquina de escribir y mi mente una grabadora.
Todo lo que aprendìa en la escuela durante el año escolar tù me lo cambiabas en tres meses de vacaciones, que para mì eran “escuela en serio” y revisabas mis cuadernos y me los hacìas re escribir con la informaciòn correcta que el 80% de las veces diferìa de lo que me enseñò el profesor razòn por la cual la pasè muy mal en el colegio. Deberìa decir en honor a la justicia que a pesar del colegio, yo sì aprendì a fuerza de golpes en la mesa y pellizcos en las orejas cuando comenzaba a cansarme.
Eras muy jodida, mujer. Pero tambièn me mimaste al punto de hacerme el insoportable ser que soy hoy. Me comprabas todo lo que pensabas podìa gustarme resultando en una colecciòn de muñecas màs grandes que yo a las que les ponìas un disco chiquito en la espalda y cantaban tintarella di luna, tintarella color latte”y creo que fui la niña màs chica en tener su propio rifle. Hacìamos “planes maestros” casi todos destinados a darle un susto cardìaco a cualquier incauto (casi siempre era Furio) pero cuando Furio y yo te hicimos una broma casi me matas. Hoy lo recuerdo con mucha risa, en ese entonces no me pude levantar de cama por tres dìas, pero la expresiòn en tu cara ese segundo que pensaste que me habìa descalabrado en las escaleras hizo que valiera la pena, ese dìa me enterè que me amabas.
Como siempre tu plan resultò porque yo te recuerdo en toda tu gloria: gritàndo que si me agarras me partes la olla en la cabeza. Te recuerdo esa noche de mi cumpleaños cuando me llamaste para limpiar tu casa y que yo “me encuentre” un collar de perlas, recuerdo el champagne y los chocolates rellenos de brandy, el fernet con hielo y el pastel de nueces.
Recuerdo dìas como este, en los que no importa què haga, què escriba, què cante, para mi nunca se acerca a lo que en realidad quisiera darte. Me acuerdo ese cumpleaños tuyo en el que exitosamente conspiramos todos para llevarte a una cantante de òpera y cuando llegamos a tu casa no estabas, llamaste dos dìas despuès y cuando te preguntè dònde estabas me respondiste que tù no le das explicaciones a nadie, cuando te dije de la cantante, muy contrario a lo que yo esperaba dijiste “y ahora, còmo hago, regreso?”
Hoy sòlo puedo comprarte flores amarillas y ese helado seco que siempre te gusto tanto, atrasar mi propio regreso y escabullirme entre las tumbas y cantarte “La màs bella” porque nunca te gustò la clàsica canciòn de cumpleaños. (Sòlo por ti, sòlo porque es tu cumpleaños).
“…la tua forza mi da certezze
in ogni momento sempre di più
anche quando tra la mia gente
non ci sei tu
mamma tu per me sei la più bella
sei più bella di una stella
sei solo tu che dai calore
e tanto amore…”




